¿Qué quiere decir que una mujer es frígida?

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), frigidez (de frígido), tiene dos acepciones:

  1. f. frialdad (sensación de falta de calor).
  2. f. Ausencia anormal de deseo o de goce sexual.

Se entendía como “mujer frígida” a toda mujer incapaz de sentir placer sexual, sin tomar en cuenta si era adecuadamente estimulada por su pareja, porque se presumía que la mujer respondía igual que el hombre ante la experiencia de una relación sexual. En este sentido, las “mujeres frígidas” eran catalogadas con calificativos como: “parce un témpano de hielo”, “rígida e insensible como una tabla”, entre otros calificativos. Estos calificativos, en la mayoría de los casos, simplemente buscaban culpar a la mujer de la incapacidad de sus compañeros de estimularlas adecuadamente para llegar al orgasmo.

Hasta hace relativamente pocos años (30 o 40 años), el goce sexual de la mujer no era tomado en cuenta como necesario. Varios sucesos sociales fueron modificando esta idea:

  • Con la segunda Guerra Mundial, muchas mujeres salieron de su ámbito privado para pasar a ocupar lugares de trabajo hasta ese momento restringidos a los varones.
  • El desarrollo del “feminismo” como búsqueda de reconocimiento social del lugar de las mujeres.
  • El descubrimiento de la penicilina permitió curar las infecciones que hasta ese momento llevaban a la muerte, entre ellas las enfermedades transmisibles sexualmente.
  • El descubrimiento de la pastilla anticonceptiva que le permitió a la mujer hacerse dueña de su cuerpo y de su decisión de procrear.

En este contexto social, muchas mujeres pasaron a ser catalogadas como “frígidas” por sus dificultades sexuales. Frigidez, según el Diccionario: “Frialdad, falta de calor”. Más allá del significado preciso, “frigidez” resulta ser una palabra francamente desagradable, que linda con lo humillante, especialmente cuando desde el trato popular se la utiliza como insulto.

Tradicionalmente se consideró que una mujer frígida era una mujer fría, sin capacidad de goce. Por extensión, las mujeres que, aunque pudiendo desear y excitarse no alcanzaban el orgasmo también fueron catalogadas como frígidas. Aún hoy, aunque los temas sexuales sean tratados con mayor habitualidad y naturalidad, el término “Frígida” sigue resonando, con gran peso, en el medio social.

En el ámbito de la sexología, “frigidez” por ser un término impreciso, que tiene una connotación estigmatizante y discriminatoria, está en desuso, Además ya se ha entendido, a través de muchas investigaciones, las diferencias entre el hombre y la mujer relacionadas con su forma de responder a los diferentes estímulos y momentos del acto sexual, por lo que hoy día ya contamos con diferentes clasificaciones diagnósticas (CIE, DSM, MDS)* que explican mejor esta ausencia anormal de deseo o goce sexual o disfunción sexual.

Las disfunciones sexuales abarcan diferentes formas de incapacidad para participar en una relación sexual deseada. Según los casos, se trata de una falta de interés, una imposibilidad de sentir placer, un fracaso en la respuesta fisiológica necesaria para una interacción sexual efectiva (por ejemplo, erección) o una incapacidad para controlar o sentir un orgasmo.

Algunos tipos de disfunción se presentan tanto en varones como en mujeres, por ejemplo la falta de deseo sexual. No obstante las mujeres tienden a presentar con mayor frecuencia quejas sobre la calidad subjetiva de la experiencia sexual (por ejemplo, el que no sea placentera o interesante), en lugar de fracasos en una respuesta específica. La queja de disfunción orgásmica no es rara, pero es necesario tener en cuenta que cuando un aspecto de la respuesta sexual femenina se ve afectado, es muy posible que haya otros que estén también deteriorados. Por ejemplo si una mujer es incapaz de sentir orgasmos, es frecuente que tampoco disfrute con otros aspectos del juego amoroso y pierda también gran parte de su apetito sexual. Los varones, por el contrario, cuando se quejan de un fracaso en una respuesta específica, tal como la obtención de erección o eyaculación, suelen referir que a pesar de estos fracasos, su apetito sexual persiste. Por lo tanto, antes de hacer un diagnóstico es necesario explorar detenidamente cada trastorno, sin detenerse únicamente en el síntoma que motiva la consulta.

Algunas condiciones que pueden causar disfunciones son:

  • Enfermedades sí que podrían tener un papel muy importante a la hora de inhibir las sensaciones relacionadas con el placer sexual son: la diabetes, la esclerosis en placas, y en general todas las enfermedades neurológicas. Asimismo, las enfermedades endocrinas, así como los trastornos de la glándula tiroides, pueden tener un papel determinante.
  • Algunos medicamentos, como los psicotrópicos, los neurolépticos, los antidepresivos, los ansiolíticos, y otros somníferos, también pueden inhibir las sensaciones y provocar una fuerte disminución de la libido y de la excitabilidad.
  • La depresión y el agotamiento pueden afectar a la libido.
  • Desconocer su funcionamiento y su respuesta sexual, un obstáculo para el placer.
  • Obstáculos en pareja, como una convivencia de poca armonía y conflictiva.

La mejor recomendación que podemos hacer para ésta o cualquier disfunción sexual es visitar a cualquier especialista de la sexualidad humana.

Entre estas clasificaciones diagnósticas tenemos:

  • La Clasificación internacional de las enfemedades (CIE-10), de la Organización Mundial de la Salud.
  • El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM – V) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría
    Manual de Diagnóstico en Sexología. MDS III, de la Asociación Mundial de Sexología Médica (AMSM) y la Academia Internacional de
  • Sexología Médica – AISM

Antonio Ruiz Ortiz, MSC
Psicólogo Clínico
Terapeuta Sexual y de Parejas
Instituto se Sexualidad Humana

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